Archive for My Desires

“¿Será niebla? ¿O, tal vez, la marea? ¿Será o no el tiempo de los dos? Que hablo con Dios sólo si escuchas tú. Y sí, te lo diré al oído. Sólo por ti, de Grafton a Ormon Quay. Recordarás el tiempo en que te amé. Que lloro con Dios, él te lo contará. ¿Cuándo regresarás a mi lado? Abrázame, mi amor, y te robaré un beso y un ayer. Resentimiento y, luego, miedo, rabia y, luego, luego el viento gritando que piensas aún en mí entre la niebla.”

“Mi corazón sigue encerrado en sus recuerdos. Mi cuerpo busca algo que ya ha perdido. Y de nuevo lo veré deshacerse en lágrimas. Y de nuevo es mi destino devolver sólo una sonrisa fría. ¿Cómo me ato a este destino que no quiero abandonar? Sólo logro posarme frente a él. Como la belleza de una flor que renació, este sentimiento persiste en mi corazón. Las nubes rasgan mi cielo culpable y el remordimiento me abraza. Cada dolor nace en el sitio que elige nacer y su final sólo se sienta a esperarlo. El calor que me regaló aquel día se desvaneció silenciosamente en el vacío de mis manos. Y el eco de mi esperanza perdida resuena en las desnudas paredes de mi presente. Nuestro amor agonizando no puede ser más que un sueño cruel. Aún no logro escapar de este inmortal remordimiento. Pero el mundo necesita de la soledad. Y, después de todo, sigo persiguiendo su sombra y sus sueños; merece todos los milagros. Yo seguiré bailando sola por toda la eternidad”: Kosaka Riyu.

“Quiero las alas de una nave para elevarme más y alejarme; quiero una cabaña en el río donde pueda descansar tranquila; quiero mi cama, que se hace enorme, y un tocadiscos roto, de los que ya nadie utiliza, pero que aún pueda cantar. No quiero la luna, sólo quiero que me dejen soñar más de lo que me piden pensar. No quiero la luna, sólo quiero un momento para calentar mi piel a la luz de las estrellas, que guardan todo su tiempo para mí. Sus ojos, tan llenos de viento, no le muestran ese sentimiento que entrelaza nuestras almas, y ya han pasado muchos inviernos. Quisiera estar más cerca de él, más lejos de mí, pero él no busca lo mismo. No quiero la luna, quiero que me vea y que me haga el amor sin pensar. No quiero la luna, sólo quiero un momento para calentar mi piel a la luz de las estrellas, que guardan todo su tiempo para mí.”: Luigi Albertelli.

“Renunciar al amor, créeme, lo pensé más de una vez, pero borrarte y olvidarte no me basta… todo el día, como siempre, estoy pensando en ti, en que tomaste una decisión, que eres más fuerte que yo y que te has ido. Lejos, pero aún cerca, la distancia en silencio lleva tu voz. Nuestros sueños locos están tan lejos de nosotros sin ningún punto de referencia y yo lo he perdido todo. Esperar que regreses o seguir tus pasos, créeme, lo he pensado más de una vez… tantos sueños que se aferran ya no hacen falta si tu corazón, lo mejor de mi vida, ya no está. Pero tomaste una decisión… eres más fuerte que yo.”: Fred St-Gelais.

“En el alba dudosa tuve un sueño. Sé que en el sueño había muchas puertas. Lo demás lo he perdido. La vigilia ha dejado caer esta mañana esa fábula íntima, que ahora no es menos inasible que la sombra de Tiresias o que Ur de los Caldeos o que los corolarios de Spinoza. Me he pasado la vida deletreando los dogmas que aventuran los filósofos. Es fama que en Irlanda un hombre dijo que la atención de Dios, que nunca duerme, percibe eternamente cada sueño y cada jardín solo y cada lágrima. Sigue la duda y la penumbra crece. Si supiera qué ha sido de aquel sueño que he soñado, o que sueño haber soñado, sabría todas las cosas.”: Jorge Francisco Isidoro Luis Borges.

“Cuando tú apareciste, penaba yo en la entraña más profunda de una cueva sin aire y sin salida. Braceaba en lo oscuro, agonizando, oyendo un estertor que aleteaba como el latir de un ave imperceptible. Sobre mí derramaste tus cabellos y ascendí al sol y vi que eran la aurora cubriendo un alto mar de primavera. Fue como si llegara al más hermoso puerto del mediodía. Se anegaban en ti los más lucidos paisajes: claros, agudos montes coronados de nieve rosa, fuentes escondidas en el rizado umbroso de los bosques. Yo aprendí a descansar sobre tus hombros y a descender por ríos y laderas, a entrelazarme en las tendidas ramas y a hacer del sueño mi más dulce muerte. Arcos me abriste y mis floridos años, recién subidos a la luz, yacieron bajo el amor de tu apretada sombra, sacando el corazón al viento libre y ajustándolo al verde son del tuyo. Ya iba a dormir, ya a despertar sabiendo que no penaba en una cueva oscura, braceando sin aire y sin salida. Porque habías al fin aparecido.”: Rafael Alberti.

“Sal con una chica que no lee. Encuéntrala en medio de la fastidiosa mugre de un bar del medio oeste. Encuéntrala en medio del humo, del sudor de borracho y de las luces multicolores de una discoteca de lujo. Donde la encuentres, descúbrela sonriendo y asegúrate de que la sonrisa permanezca incluso cuando su interlocutor le haya quitado la mirada. Cautívala con trivialidades poco sentimentales; usa las típicas frases de conquista y ríe para tus adentros. Sácala a la calle cuando los bares y las discotecas hayan dado por concluida la velada; ignora el peso de la fatiga. Bésala bajo la lluvia y deja que la tenue luz de un farol de la calle los ilumine, así como has visto que ocurre en las películas. Haz un comentario sobre el poco significado que todo eso tiene. Llévatela a tu apartamento y despáchala luego de hacerle el amor. Tíratela. Deja que la especie de contrato que sin darte cuenta has celebrado con ella se convierta poco a poco, incómodamente, en una relación. Descubre intereses y gustos comunes como el sushi o la música country, y construye un muro impenetrable alrededor de ellos. Haz del espacio común un espacio sagrado y regresa a él cada vez que el aire se torne pesado o las veladas parezcan demasiado largas. Háblale de cosas sin importancia y piensa poco. Deja que pasen los meses sin que te des cuenta. Proponle que se mude a vivir contigo y déjala que decore. Peléale por cosas insignificantes como que la maldita cortina de la ducha debe permanecer cerrada para que no se llene de ese maldito moho. Deja que pase un año sin que te des cuenta. Comienza a darte cuenta. Concluye que probablemente deberían casarse porque de lo contrario habrías perdido mucho tiempo de tu vida. Invítala a cenar a un restaurante que se salga de tu presupuesto en el piso cuarenta y cinco de un edificio y asegúrate de que tenga una vista hermosa de la ciudad. Tímidamente pídele al mesero que le traiga la copa de champaña con el modesto anillo adentro. Apenas se dé cuenta, proponle matrimonio con todo el entusiasmo y la sinceridad de los que puedas hacer acopio. No te preocupes si sientes que tu corazón está a punto de atravesarte el pecho, y si no sientes nada, tampoco le des mucha importancia. Si hay aplausos, deja que terminen. Si llora, sonríe como si nunca hubieras estado tan feliz, y si no lo hace, igual sonríe. Deja que pasen los años sin que te des cuenta. Construye una carrera en vez de conseguir un trabajo. Compra una casa y ten dos hermosos hijos. Trata de criarlos bien. Falla a menudo. Cae en una aburrida indiferencia y luego en una tristeza de la misma naturaleza. Sufre la típica crisis de los cincuenta. Envejece. Sorpréndete por tu falta de logros. En ocasiones siéntete satisfecho pero vacío y etéreo la mayor parte del tiempo. Durante las caminatas, ten la sensación de que nunca vas regresar, o de que el viento puede llevarte consigo. Contrae una enfermedad terminal. Muere, pero solo después de haberte dado cuenta de que la chica que no lee jamás hizo vibrar tu corazón con una pasión que tuviera significado; que nadie va a contar la historia de sus vidas, y que ella también morirá arrepentida porque nada provino nunca de su capacidad de amar. Haz todas estas cosas, maldita sea, porque no hay nada peor que una chica que lee. Hazlo, te digo, porque una vida en el purgatorio es mejor que una en el infierno. Hazlo porque una chica que lee posee un vocabulario capaz de describir el descontento de una vida insatisfecha. Un vocabulario que analiza la belleza innata del mundo y la convierte en una alcanzable necesidad, en vez de algo maravilloso pero extraño a ti. Una chica que lee hace alarde de un vocabulario que puede identificar lo espacioso y desalmado de la retórica de quien no puede amarla, y la inarticulación causada por el desespero del que la ama en demasía. Un vocabulario, maldita sea, que hace de mi sofística vacía un truco barato. Hazlo porque la chica que lee entiende de sintaxis. La literatura le ha enseñado que los momentos de ternura llegan en intervalos esporádicos pero predecibles y que la vida no es plana. Sabe y exige, como corresponde, que el flujo de la vida venga con una corriente de decepción. Una chica que ha leído sobre las reglas de la sintaxis conoce las pausas irregulares –la vacilación en la respiración– que acompañan a la mentira. Sabe cuál es la diferencia entre un episodio de rabia aislado y los hábitos a los que se aferra alguien cuyo amargo cinismo countinuará, sin razón y sin propósito, después de que ella haya empacado sus maletas y pronunciado un inseguro adiós. Tiene claro que en su vida no seré más que unos puntos suspensivos y no una etapa, y por eso sigue su camino, porque la sintaxis le permite reconocer el ritmo y la cadencia de una vida bien vivida. Sal con una chica que no lee porque la que sí lo hace sabe de la importancia de la trama y puede rastrear los límites del prólogo y los agudos picos del clímax; los siente en la piel. Será paciente en caso de que haya pausas o intermedios, e intentará acelerar el desenlace. Pero sobre todo, la chica que lee conoce el inevitable significado de un final y se siente cómoda en ellos, pues se ha despedido ya de miles de héroes con apenas una pizca de tristeza. No salgas con una chica que lee porque ellas han aprendido a contar historias. Tú con la Joyce, con la Nabokov, con la Woolf; tú en una biblioteca, o parado en la estación del metro, tal vez sentado en la mesa de la esquina de un café, o mirando por la ventana de tu cuarto. Tú, el que me ha hecho la vida tan difícil. La lectora se ha convertido en una espectadora más de su vida y la ha llenado de significado. Insiste en que la narrativa de su historia es magnífica, variada, completa; en que los personajes secundarios son coloridos y el estilo atrevido. Tú, la chica que lee, me hace querer ser todo lo que no soy. Pero soy débil y te fallaré porque tú has soñado, como corresponde, con alguien mejor que yo y no aceptarás la vida que te describí al comienzo de este escrito. No te resignarás a vivir sin pasión, sin perfección, a llevar una vida que no sea digna de ser narrada. Por eso, largo de aquí, chica que lee; coge el siguiente tren que te lleve al sur y llévate a tu Hemingway contigo. Te odio, de verdad te odio.”: Charles Warnke.

“Sal con alguien que se gasta todo su dinero en libros y no en ropa, y que tiene problemas de espacio en el clóset porque ha comprado demasiados. Invita a salir a una chica que tiene una lista de libros por leer y que desde los doce años ha tenido una tarjeta de suscripción a una biblioteca. Encuentra una chica que lee. Sabrás que es una ávida lectora porque en su maleta siempre llevará un libro que aún no ha comenzado a leer. Es la que siempre mira amorosamente los estantes de las librerías, la que grita en silencio cuando encuentra el libro que quería. ¿Ves a esa chica un tanto extraña oliendo las páginas de un libro viejo en una librería de segunda mano? Es la lectora. Nunca puede resistirse a oler las páginas de un libro, y más si están amarillas. Es la chica que está sentada en el café del final de la calle, leyendo mientras espera. Si le echas una mirada a su taza, la crema deslactosada ha adquirido una textura un tanto natosa y flota encima del café porque ella está absorta en la lectura, perdida en el mundo que el autor ha creado. Siéntate a su lado. Es posible que te eche una mirada llena de indignación porque la mayoría de las lectoras odian ser interrumpidas. Pregúntale si le ha gustado el libro que tiene entre las manos. Invítala a otra taza de café y dile qué opinas de Murakami. Averigua si fue capaz de terminar el primer capítulo de Fellowship y sé consciente de que si te dice que entendió el Ulises de Joyce lo hace solo para parecer inteligente. Pregúntale si le encanta Alicia o si quisiera ser ella. Es fácil salir con una chica que lee. Regálale libros en su cumpleaños, de Navidad y en cada aniversario. Dale un regalo de palabras, bien sea en poesía o en una canción. Dale a Neruda, a Pound, a Sexton, a Cummings y hazle saber que entiendes que las palabras son amor. Comprende que ella es consciente de la diferencia entre realidad y ficción pero que de todas maneras va a buscar que su vida se asemeje a su libro favorito. No será culpa tuya si lo hace. Por lo menos tiene que intentarlo. Miéntele, si entiende de sintaxis también comprenderá tu necesidad de mentirle. Detrás de las palabras hay otras cosas: motivación, valor, matiz, diálogo; no será el fin del mundo. Fállale. La lectora sabe que el fracaso lleva al clímax y que todo tiene un final, pero también entiende que siempre existe la posibilidad de escribirle una segunda parte a la historia y que se puede volver a empezar una y otra vez y aun así seguir siendo el héroe. También es consciente de que durante la vida habrá que toparse con uno o dos villanos. ¿Por qué tener miedo de lo que no eres? Las chicas que leen saben que las personas maduran, lo mismo que los personajes de un cuento o una novela, excepción hecha de los protagonistas de la saga Crepúsculo. Si te llegas a encontrar una chica que lee mantenla cerca, y cuando a las dos de la mañana la pilles llorando y abrazando el libro contra su pecho, prepárale una taza de té y consiéntela. Es probable que la pierdas durante un par de horas pero siempre va a regresar a ti. Hablará de los protagonistas del libro como si fueran reales y es que, por un tiempo, siempre lo son. Le propondrás matrimonio durante un viaje en globo o en medio de un concierto de rock, o quizás formularás la pregunta por absoluta casualidad la próxima vez que se enferme; puede que hasta sea por Skype. Sonreirás con tal fuerza que te preguntarás por qué tu corazón no ha estallado todavía haciendo que la sangre ruede por tu pecho. Escribirás la historia de ustedes, tendrán hijos con nombres extraños y gustos aún más raros. Ella les leerá a tus hijos The Cat in the Hat y Aslan, e incluso puede que lo haga el mismo día. Caminarán juntos los inviernos de la vejez y ella recitará los poemas de Keats en un susurro mientras tú sacudes la nieve de tus botas. Sal con una chica que lee porque te lo mereces. Te mereces una mujer capaz de darte la vida más colorida que puedas imaginar. Si solo tienes para darle monotonía, horas trilladas y propuestas a medio cocinar, te vendrá mejor estar solo. Pero si quieres el mundo y los mundos que hay más allá, invita a salir a una chica que lee. O mejor aún, a una que escriba.”: Rosemary Urquico.

“Una noche, un grupito de palabras se encontraron en la oscuridad, entre dos páginas de un periódico, para organizar un complot. Decidieron ayudarse unas a otras, para aparecer en sitios muy visibles en las primeras páginas de los periódicos y preparar, así, el camino para un palabra que haría su aparición triunfal en las primeras páginas con grandes caracteres. Ninguna de las presentes dijo entonces esa palabra. Entre las palabras que se encontraron esa noche estaban las “paradas militares”, el “cañon”, los “armamentos”, los “misiles”, la “destrucción”, etcétera, etceterona. A fuerza de empujones y codazos, estas palabras empezaron a asomarse a las primeras páginas de los periódicos, una cada vez y también dos o tres juntas del bracito, o una encima de la otra. Todas intentaban conquistar el sitio más visible o el carácter más grande. Pero sabían muy bien que todo su esfuerzo sería inútil si no conseguían llevar a la primera página esa palabra. No obstante la oscuridad y el gran secreto, el complot llegó a conocimiento de otros grupos de palabras, acostumbradas a dormir en las bibliotecas o a hacer alguna aparición también en los periódicos, pero con pequeños caracteres y en las últimas páginas.Se dieron cuenta de que los lectores del periódico creían en las palabras del complot y lo traían de boca en boca. Por esa razón, ellas también se organizaron y llamaron a varias palabras que se parecían a las del complot y empezaron a embrollar a los tipógrafos. Así, en vez de “paradas militares”, los lectores encontraron escrito “patatas familiares”; en vez de “cañón”, encontraron escrito “cajón”; en vez de “armamentos”, “alimentos”; en vez de “misiles”, “maizales”; en vez de “destrucción”, “distracción”, etcétera, etceterona. En suma, consiguieron crear una gran confusión y los lectores empezaron a reír. La palabra “guerra”, que movía los hilos en la sombra, no consiguió ya hacer su entrada triunfal en primera página, como esperaba, sino que se quedó para enmohecerse en el almacén, donde se le reunieron, enseguida, todas sus cómplices para enmohecerse también ellas.”: Luigi Malerba.

“Quiero estar contigo y decirte que no puedo vivir sin ti. Quiero ganar contigo y conseguir que todo el tiempo sea estar junto a ti. Quiero escuchar contigo esta canción que solamente habla de ti y de mí. Yo soy todo contigo –me haces falta–, ya no puedo vivir sin ti. Sólo quiero vivir contigo, sólo quiero bailar contigo, sólo quiero estar contigo; quiero ser lo que nunca he sido. Sólo voy soñar contigo, sólo voy a cantar contigo; lo voy a hacer todo contigo. Siento cuando estás y me das tu voz con esa fuerza; quiero oír tu voz gritar ese susurro loco.”: Daniel Martín García.

“Amor, no te culpo, la culpa fue mía. No hubiera yo sido de arcilla común, habría escalado alturas más altas aún no alcanzadas, visto aire más lleno y día más pleno. Desde mi locura de pasión gastada, habría tañido más clara canción, encendido luz más luminosa, libertad más libre, luchado con malas cabezas de hidra; hubieran mis labios sido doblegados hasta hacerse música por besos que sólo hicieran sangrar; tal vez observara los cielos abrirse como se abrieran para el florentino; las poderosas naciones me habrían coronado a mí, que no tengo nombre ni corona. Y en primavera, dos jóvenes amantes yaciendo en la huerta habrían leído nuestra historia de amor; habrían leído la leyenda de mi pasión, conocido el amargo secreto de mi corazón, habrían besado igual que nosotros, sin estar destinados por siempre a separarse, pues la roja flor de nuestra vida es roída por el gusano de la verdad y ninguna mano puede recoger los restos caídos, pétalos de rosa juventud. Sin embargo, no lamento haberte amado, ¿qué más podía hacer un muchacho, cuando el diente del tiempo devora y los silenciosos años persiguen? Vamos a la deriva en la tempestad y, cuando la tormenta de juventud ha pasado, sin lira, sin laúd ni coro, la muerte, el piloto silencioso, arriba al fin. Y en la tumba no hay placer, pues el ciego gusano se ceba en la raíz, el deseo tiembla hasta tornarse ceniza y el árbol de la pasión ya no tiene fruto. ¿Qué más debía hacer sino amarte? He elegido, he vivido mis poemas y hallé mejor la corona de mirto del amante que la de laurel del poeta.”: Oscar Wilde.

“Siento el frío en mi interior quemándome las venas; la vida me está dejando atrás, pero me niego a desaparecer. Todas mis lágrimas son para ti, mi amor, mi corazón me obliga a partir; romperé el escudo de amor y lentamente desapareceré, pero siempre podrás encontrarme en esas solitarias lágrimas entre la lluvia. Jamás dejaré que me veas llorar ni sentir todo el dolor que mi corazón siente. No quiero que me veas morir, así que te dejaré atrás con todo lo que fue nuestro.”: Dmitry Ivanov.

“La lluvia sigue cayendo sobre tu blanca y pálida piel, aún eres joven para probar el pecado. Dentro de ti, el deseo crece con más fuerza que el dolor, no te puedes resistir a esa voz bajo la lluvia. No sientes temor, te han lastimado antes, estás dispuesta a ceder en esta noche de pecado. En tu mente, cada pensamiento es negro, tomas su mano y ya no hay marcha atrás. Ven, mi amor, estoy aquí para ti, esta noche fue planeada sólo para nosotros. Ven, querida, dentro de poco me habré ido, esta noche comenzó sólo para nosotros.”: Dmitry Ivanov.

“Se frotó la cara y suspiró grotescamente para llenar sus pulmones de contaminación… y un poquitito de oxígeno.”: Zoreta Domino.

“Will this night fulfill all the promises and bury us in peace? Will it leave us free and forgetful or at least bring some sleep? Your eyes do not catch the little things as they narrow on your fall, I am checking your pulse because you are so quiet, I am kissing you but you do not feel it. Why you do this to me? Showing me all that I am good for is to watch you sleep as lifeless as an angel. She was the most beautiful cloud that ever passed before the face of a girl… seems like nothing is too good for this life, some things are too good for this world. And our names and our faces, well, they are just spare change… in memory of a soul, kept dropping spare change. In memory of a little girl who was far too much in love with the world and who did not really want to stick around for the end, why won’t you stay?”: John Mark Eitzel.

“Algún día, en cualquier parte, en cualquier lugar indefectiblemente, te encontrarás a ti mismo… y ésa, sólo ésa, puede ser la más feliz o la más amarga de tus horas.”: Ricardo Eliécer Neftalí Reyes Basoalto.

“He hecho tanto y tan seguido que me da miedo mirar cómo lo he hecho. Cógeme, querida; en todas las nuevas formas que tu deseo sugiera. Cógeme ataviada con tus vestidos de calle, con tu velo y tu sombrero puestos, con tu cara sonrosada por el viento y el frío y la lluvia y tus botas embarradas; cógeme también a caballo sobre mis piernas, cuando esté sentado en una silla, montándome de arriba hacia abajo mostrándome los ribetes de tus bragas, o móntame sobre la espalda de un sillón. Desnuda, cógeme, solamente con tus medias y tu sombrero puesto, acostados en el piso, con una flor roja, montándome como un hombre, con tus muslos entre los míos. Móntame vestida con tu bata de estar, con nada debajo de ella, ábrela repentinamente y muéstrame tu vientre y tus muslos y tu espalda y empújame sobre ti, encima de la mesa de la cocina. Cógeme boca abajo en la cama, con tu cabello suelto, desnuda, pero con tus adorables bragas rosas perfumadas, abiertas desvergonzadamente de atrás y medio caídas. Cógeme en las escaleras, en la oscuridad, como una niñera cogiendo con su soldado. ¡Basta! He acabado y todas las tonterías han desaparecido. Prepárate. Coloca un lindo linóleo marrón agradable en la cocina y, para la noche, cuelga un par de cortinas rojas comunes en las ventanas. Procura un sillón cómodo y barato para tu perezoso amante. Haz todo lo que te digo, querida. ¡Dios mío, allí seré feliz! Estoy manteniendo y mantendré mi promesa, amor mío. ¡El tiempo vuela, vuela rápidamente! Quiero regresar a mi amor, mi vida, mi estrella. ¡Cien mil besos, cariño!”: James Joyce.

“Érase que se era un anciano recorriendo los bosques. Estaba perdido y agotado; hacía días que no había comido ni bebido nada como mortal, pues no era sino una deidad tratando de entender el sentido de la vida. Entonces encontró a tres animales de aparente nobleza: un mono, un zorro y un conejo. El hombre se dejó caer rendido y suplicó a las pequeñas criaturas que por favor lo alimentaran, así que el mono, aprovechando su agilidad, subió a cada árbol y recogió cuanto fruto pudo para ofrecerle; el zorro, aprovechando su astucia, corrió al río y atrapó un montón de peces para el viejo; el conejo, sin embargo, no encontró nada qué ofrecerle. Ante su evidente fracaso, el mono y el zorro se mofaron, pero no era eso lo que le preocupaba al conejo, sino ver a ese hombre derrotado y no poder hacer nada por él, así que tomó algunas ramas y algunas rocas para hacer una hoguera y, disculpándose con el anciano, se dejó caer en ella, ofreciéndose en sacrificio para que el hombre se alimentase y pudiera continuar su camino. En ese instante, el anciano supo que su búsqueda había finalizado. Percibió de inmediato ese sacrificio como un acto desinteresado de amor y decidió inmortalizarlo, enterrando los restos del conejo en el templo de la luna, donde noche a noche otros conejos pueden verle; es por ello que saltan, deseando algún día alcanzar su grandeza.”: Mito.

“Te invito a odiarme, te invito a acobardarte, a que sueñes con tu mejor pesadilla; conmigo, sin ti y sin nada más que nuestra odisea; tu castigo y tu desvelo. Si dejarte de amar fuese tan fácil como abrir los ojos al despertar, si fuese así de fácil dejarte de amar, simplemente así de fácil; si dejarte de amar fuese tan fácil como escuchar el sermón de tus locuras, así de fácil sería dejarte de amar. Olvídame, sácame de ti; no quiero estar más en tu vida ni un instante más. Mátame en tus pesadillas, mátame en tus sueños; será la única manera que me hagas caer en razón: nací sin tí. Si dejarte de amar fuese tan fácil como amarte, te hubiese dejado de amar.”: Rodrigo.

“Con la vista sobre el mar busca, entre las olas, una señal; algo que le ayude a olvidar la verdad. Toda una vida de lágrimas cede a la locura y luego calla por amor a un día que jamás volverá. Cuando la rosa muera, calmará sus ansias en letras vanas por amor a un día que jamás volverá.”: Marcela Alejandra Bovio García.

“Apartarse de la corriente del mundo que va muy acelerada y revuelta, y esperar amando. Esperar haciendo. Suspender el juicio. Ver sin hablar. Encontrar mi paradero: me gusta hacer lo que hago –estas basuritas– y lo hago con gusto. Ven, déjame tocarte. ¿Nos vamos de pinta? ¡Vámonos a Plutón, mujer pájaro! Mírame y déjame entrar en tus océanos. Ay, qué ruido animal hacen los cuerpos cuando se frotan. O hay química o no circula corriente. Pero todo el mundo tiene prisa (y miedo). Nadie está dispuesto a renunciar a nada. Todos queremos todo. ¿Puedes oírme? Sin contacto no hay realidad. Crear es hacer. Hacer con las cosas del mundo otro mundo posible. Desatar la canastilla. Subir globos llenos de besos. Ya va quedando el mundo atrás. El fondo de los ojos da vértigo. Cogerse desesperadamente. Ser arrastrados por el viento. Soltar arena, perder peso. Ya estás en el espacio sin tiempo.”: Julio Figueroa Medina.

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