Archive for My Sighs

Previous Post

Escuchar una y otra vez una de esas canciones que te tiene sujeta al pasado desde el meñique del pie izquierdo. De esas canciones con nombre, apellido y una mirada culpable cuya caricia estremece hasta la más inestable de tus pestañas, que se abraza a las demás cobijada en una lágrima, convencida de que nadie la ha notado, casi tan convencida como tú, casi en lo correcto. Casi, porque lo correcto no se siente, y esto que te envuelve se siente, se resiente y hasta el débil lo presiente. Decisiones son, y no piensas en otra cosa. Que si valen o no ya es lo de menos, incluso los objetivos han dejado de importar, y te quedas sólo con el estrés que te deja el tiempo en cada azote. Tu tiempo, tus minutos, bailando con destinos ajenos. ¿Y tú? Sólo miras, como siempre, porque desde las gradas no parece tan peligroso. Y el error va más allá de las obvias consecuencias, lo que no te perdonas es jamás saber a qué sabía.

De a poquito morir, como todos los locos, es mil y un veces preferible a vivir de a poquito, como hacen los poetas. Flirtear con las pasiones nutre al espíritu más que pecar incluso, puesto que los pecados jamás han existido en realidad.

Te enamoras de su cabello. Te enamoras de sus ojos. Te enamoras de sus libros. Te enamoras de su música. ¿Cuándo te enamoras de él? ¿Cuando sonríe? ¿Cuando te mira? ¿Cuando lo escuchas hablar? ¿O sólo cuando te desdeña? No te conoce. No le interesa conocerte. No le interesan tu cabello, tus ojos o tu sonrisa. No sabe de tus libros ni conoce tu música… y no te importa, porque al menos por un breve instante esa historia te hizo feliz. Te has convencido de esa capacidad tan tuya de escribir sin papel, sin tinta.

Siente sus manos recorriéndole la piel la noche, siente su voz cantarle el mar, y él va robándome la fe, y yo más me entrego a su placer. Huye a mí, sintiendo dentro la nada, huye a mí su alma abandonada. Pinta mi mundo color muerte, sol agonizante, pinta mi mundo de ilusión. Él va matándome de fe y yo más perdiéndome por él.

Esa historia que se escribe por inercia y los miedos dibujados sobre el agua. Y gritas y me esperas cansada, asustada. Miras tu reflejo en las estrellas y brillan más y se enamoran. La canción de las mentiras resonando en tu mirada, rompiendo tus besos, los míos. Y te abraza el tiempo y la vida se pone celosa, porque no eres bella… eres maravillosa. Anda pues, y escríbele una historia a la nada, para que duerma tranquila, para que conserve su magia.

Todas las mañanas la tomaba de la cintura y la besaba en la barbilla. Le bastaba su sonrisa y no decía nada más. Abandonaba esa habitación a diario, a diario la casa, a la mujer de su vida, siempre con su abrazo y su sonrisa como promesa ciega. Libraba batallas únicas; simples, pero únicas; y la imaginaba… se podría decir que la extrañaba sin miedo, pues a diario llevaba consigo esa promesa. Y el día que ella se fue, él aún sonreía. Abandonó esa habitación la mujer de su vida, esa casa, llevándoselo todo, excepto aquel abrazo, aquella sonrisa, aquella promesa.

Hoy lo supe: que mi más grande tormento no es sino una fantasía creada para los irresponsables; que fue vestido de fatalidad para proteger ingenuos y que quienes protegían no tardaron en ser corrompidos. Y lo obvio vistió así mi coraje de felicidad. Que no mata ni muere; que no es lo que todos creen; que se parece un poco más a lo que todos ignoran. Hoy me rescataron de lo más horrible que existe en el mundo: el miedo irracional. Hoy perdoné, renací y entendí tantas cosas que simplemente no puedo explicar. Y de pronto aparece él y me pregunta qué es el perdón, ¿y qué es? No lo sé, porque cada cosa tiene un valor y significado distinto en cada mundo, en cada cabeza. Para mí, el perdón no consiste en más que tomar lo mejor de cada situación y aprender de lo peor… y quizás tener un poco de fe en que el antagonista de tu historia, si es que existe alguno, aprenda también. El antagonista de mi historia fue ese mismo que la inició; hace tanto que cambió, o eso creo… y reinició su vida, y yo simplemente me negué a ver. Perdonar, luego entonces, podría consistir quizás en ver más allá sin dejar que la esperanza nos confunda, por supuesto. Y es que entender siempre el principio de las cosas nos lleva a ser más previsores, porque de nada vale saber de qué va eso de causa-efecto. La cosa es simple: saber no te hace inteligente… y la inestabilidad puede llevarte incluso a no serlo. Curioso harto que, estando yo tan feliz, no esté tan inspirada. Sólo sé que todo eso era verdad: tengo no sólo el derecho, sino la capacidad, e incluso la obligación de ser feliz, de enamorarme. He probado ya todo lo que tenía que probar a la persona más importante de mi vida: YO.

Eso de no tener qué decir se da cuando no se quieren decir las cosas como son, digo yo, porque no es difícil hablar; para nada… todo lo contrario: se le da a la gente con una facilidad sumamente extraordinaria, a tal nivel que ni siquiera es necesario saber hacerlo para hacerlo [como casi todo en la vida, en realidad]. En eso consiste, supongo, nuestra condición humana, por llamarla de algún modo; en abusar de cuantas cosas nos sea posible, como nuestro derecho a equivocarnos, convirtiéndolo casi todo en un deporte… dependiendo ya de nuestro nivel de aburrimiento decidimos si lo hacemos extremo o no. Callar, por ello, equivale más o menos a ver la película o leer el libro; uno ya no tiene que decir nada.

Desde que te conocí supe que jamás me bastaría con lo que pudieras ofrecerme. Quería descubrirte, lo necesitaba. Sé que no nos conocimos en el mejor momento, pero, ¿sabes qué? No me importa, porque pese a las circunstancias sigues siendo la misma persona de la que me enamoré. Tan fuerte y tan débil; tan certero y tan equivocado; tan distante, tan sensible; tan simple y tan complejo; tan grandioso, tan humano. Quiero quererte, y te quiero más. Quiero amarte y hacerte falta; y luego, no. Quiero despertar contigo y volver a enamorarme. Quiero llorar contigo y abrazarte; cuidarte y que me protejas. Quiero resolverte la vida y luego cambiártela por otra con muchísimos más problemas, con más alegrías; quiero luego llenarla de pasión, angustias, ganas e inquietudes y luego convencerte de que la compartas conmigo, como ésta que tengo y que te regalo. Quiero llenarte de mí hasta hartarte. Quiero que quieras cambiarme, y luego cambiar para ti. Quiero que me quieras sin entenderlo, y que sólo entiendas que te quiero. Ahora que eres mi mundo, quiero ser digna de ti. Sábeme tuya, amor, porque te amo partiendo sólo de ti.

Llena de noches difíciles. Porque en la noche se sienta y piensa que esos cuentos suyos tan inofensivos fueron los que la destruyeron. Abraza sus piernas frente a la ventana y cuenta sus lágrimas una a una, cuenta sus derrotas. Es muy fuerte, y se lo repite minuto a minuto. Mira el cielo, un cielo despejado, sin nubes, sin luna, sin estrellas. Mira la nada y se pregunta que tanto vacío puede caber ahí. ¿Notaría alguien si ella depositara todo su vacío ahí? Probablemente, porque el vacío del cielo no estaba tan contaminado como el de ella. Que no eran cuentos, eran mentiras. Todo nocivo para nadie más, sólo ella. Y se consumía, y de las cenizas se levantaba de nuevo; sólo la noche como testigo. Era fuerte, y se lo repetía minuto a minuto. Que siempre esperaba lo peor, pues no estaba acostumbrada a otra cosa. Se vestía a ratos de optimismo y alegría, pero siempre se embarraba de lo que fuere. Una vez le pareció reconocer un pedazo de hedor a envidia, pero no estaba segura de que eso fuera; nunca la había probado antes y jamás hubo cerca nadie que le dijera cómo era o a qué sabía. Sólo le quedaban esos cuentos, los que la estaban matando, porque en esos mundos inventados la gente sí creía, porque en sus cuentos la gente no era gente… y ella no era ella.

Eso de que nadie en la vida es imprescindible es una vil mentira. No es que las personas tengan características propias de alguna droga… y no tiene que ser una persona en particular, pero sí necesitamos siempre de alguien, y cambiar de aires con el tiempo se empieza a complicar. Es como vivir y seguir caminando sin la disposición de aprender y, por ende, de madurar, pero a veces la motivación no da para más, porque el aprendizaje se sigue acumulando y uno se pregunta “¿Y la felicidad para cuándo? ¿Cuándo me alcanzará ese destino que tanto merezco por lo mal que me ha pagado la vida?”, porque esperar cansa… y el miedo frena, así que la decisión más sabia que podemos tomar es correr en círculos con las manos alzadas, y entonces repetimos y repetimos ciclos una y otra vez sin rayar siquiera en la perdición porque no nos dirigimos a ningún sitio en realidad. Por eso la gente es tan necesaria, porque dentro de esa marejada de pasiones sin rumbo nos regalan con su candidez un dejo de serenidad vestida de estabilidad, ese burdo disfraz de vulgares telas de permanencia, llevándonos a creer en la eternidad, y así nos vamos convenciendo de a poco que quizás al final la vida sí es justa, que posiblemente ese paraíso que tanto hemos esperado, que tanto hemos olvidado, signifique consuelo al final de nuestros días… que sí tendremos nuestro final feliz.

Hace poco alguien me dijo: “No te asustes, nada es tan malo como parece. Te hicieron muchísimo daño y pasaste por muchísimo sufrimiento. Sin embargo, todo ese peligro que esta persona representaba para ti no se compara para nada con tu situación. Puedes amar, entregarte y divertirte; los límites los definirás tú, ningún otro agente, ni interno ni externo. Tú no representas ningún peligro para nadie.”… y lloré como no había llorado en años; riendo. Lloré amargamente por todo lo que dejé escapar por ese miedo tan particular, por todo lo que rompí con él. Y reí, porque estaba tan orgullosa de mí. Reí sonrojada después, cuando la misma persona me reconoció bonita e inteligente, ¡porque sí lo soy! Porque me encanta que me lo digan… luego y a la vez, callé. Callé cuando me dijo que era demasiado buena para seguir sufriendo; y lloré sonrojada cuando me dijo que con lo que me había pasado había logrado demostrar cuán fuerte, valiente y valiosa era. Y cuando sólo lloraba pensativa, me miró y me exigió que dejara de sufrir. Ahora me pregunto, ¿alguien que no sufre más sigue siendo tan capaz de odiar como cuando sufría? Es simple curiosidad.

Necesito sacar todo lo que traigo atorado, pero no hay manera. I mean, por algo está atorado, ¿no? ¿Cuántas cosas se vendrían abajo si lo sacara? No es que no haya besado el suelo en tricitas con anterioridad, pero no es divertido. Que la gente hable o no hable me da exactamente lo mismo, lo que sí NO me gusta que cualquier idiota venga y me pida que me calme, porque no se saben ni la mitad de la piche historia. Eso de “Si le das importancia, te sentirás peor” -y derivados- es una de las cosas más pendejas que pueden decirle a alguien, porque no se trata de lo que sientan, ¡LOS SENTIMIENTOS NO EXISTEN! Son pasiones, reacciones, reflejos… instintos, vaya. Si un día me place pararme frente a un montón de niños y gritar como loca sin decir absolutamente nada, los niños podrán asustarse, atendiendo al desconcierto, pero de ninguna manera absorberán todo lo que mis gritos conlleven, ¿me explico? Los dramas no se reparten ni el desahogo, desahoga. Así que dejen de consolar gente, porque nadie quiere consuelo. Quien habla, quiere ser escuchado. Quien llora, quiere ser valorado… pero de ninguna manera podría exigir algo como eso si no se valora solo primero. Y… pues ya. Es todo, finito, tan-tan. See you later, alligator!

La veía desde pequeña danzando y platicando con el viento. Era distinta. Tan callada y ensimismada, tan dedicada a sus caricias y su propio arte. Era la primera vez que le preguntaban su nombre. Estaba acostumbrado a los sacrificios y las reverencias de esa tribu. Nadie podía recordar su historia sino él, pues aquellas almas destinadas a servir debían dedicarse sólo a la perfección; no era posible que el terror les inspirara en forma alguna. Había iniciado todo con la primera mortal, la que él había creado para ese mundo que construyó para su amada, para su reino.

Y no esperaba que la entendieran. Era lo más bello, lo más preciado; había creado vida y se la habían robado. Le regalaron una idea podrida que de a poco la envenenó, que vivir para ella no era sino bendición y dicha, que el resto no era más que un traspié. Y anduvo, y sonrió, y por las noches abría su pecho y sacudía su corazón y cada luna le daba brillo, y así el sabor de la cordura se fue desvaneciendo hasta que quedó sólo un recuerdo, ese que no pudo borrar porque jamás sucedió.

Goteaba del techo lenta y tenebrosa. Observábalo dormir e intentaba despeinarlo. Goteaba como cuando lo tuvo dentro y le escuchó nombrar a otra, como cuando escribió aquella canción. Goteaba y la brisa de a poco le robaba, y se le iban los sueños a pedazos de dolor y miedo, y se perdía. Lo vio abrir los ojos y goteó hacia la ventana, pues no sabía que estaba ahí ni lo sabría nunca. La maldición dictaba que jamás le vería de nuevo.

Y es que desde mi punto de vista no hay nada de malo en hacer el amor con cuanta persona te plazca… sólo que para eso se debe tener bien, bien claro qué es “hacer el amor”. Sé que puedo sonar así medio mamoncita y eso, pero para mí hacer el amor es entregarte a alguien que merece poseerte. ¿Y cómo sabes que lo merece? Pues, para empezar, si no lo mereciera no sentirías la necesidad de entregarle nada. Entregarle tu confianza, un pedazo de tus sueños, compartir tus noches, tus días, tu música… entregarle tus sonrisas, tu calor. Compartir también tristezas, enseñarle tu dolor, mostrarte débil y permitir de vez en vez que sepa que te inspira, y a veces protegerle. Comunicarse con ruidos y miradas, decirlo todo con una caricia… abrazarle junto con el silencio y permanecer así en medio de una canción imperceptible para el mundo, excepto ustedes, dibujando y escribiendo con los ojos cerrados entre nubes. Obviamente hablo de muchísimos tipos de amor… entonces,  ¿a poco hacer el amor no es de lo más rico del mundo?

Ya hablando en serio, perder a las personas no está padre… I mean, en general. Muertes, abandonos, decepciones, etceterísima, duelen y punto. Y esa frase de “Me hubiera dolido menos si…” es una vil falacia. Cuando alguien te deja, se va con todo lo que le entregaste, porque por mucho que te lo retribuyera sigue siendo parte de ti. La diferencia, queridos míos, es que en ocasiones nos encanta ser víctimas de las circunstancias; es como delegar responsabilidades, y es más pedo, by the way, porque según lo hacemos para evitar la fatiga de cargar males inncecesarios, pero al final nos alcanza la culpa [los hubieras que les digo], porque todos somos responsables de eso en lo que nos convertimos. Porque sí, se los he dicho antes, soy ferviente creyente de que no puedes violar a una niña sin esperar que se vuelva loca, pero aún dentro de esa locura esa niña debe saber cómo funcionar, e ignorar el problema no es la solución. No se trata de decir “Bueno, sé que las relaciones no duran para siempre”, “Eventualmente todos morimos” o “Las aves tienen que abandonar el nido”, porque si bien todas son ciertas, tampoco puedes navegar con tales banderas, porque entonces vivir no tendría ningún sentido. Eso de “Si no duele, no sirve” podría aplicar también en esto, creo. Duele cuando las personas se van, ¡y qué chingada suerte! Porque significa que perdiste… significa que tuviste algo muy preciado y que tu vida sí tiene sentido, el sentido que a ti se te hinche los huevos darle.

Casi no comprendo a las personas, pero para ser sincera, creo que ni yo misma me entiendo, porque me jacto de ser buena, pero no paro de lastimar a la gente que me rodea -incluso he llegado a disfrutarlo-… y si lo merecen o no es lo de menos, pues desde mi punto de vista nadie tiene derecho alguno de autoproclamarse juez. Al respecto, hace poco alguien cuestionó mi ideología: “Entonces, ¿tú dejarías libres a los violadores y asesinos?”… pues sí, los dejaría ir. La condición quizás sería tatuar a cada persona sus acciones y las consecuencias de las mismas; buenas, malas o lo que sean. ¿Cuánto tiempo de vida -de calidad- tendría entonces un asesino? ¿Y un violador? Quién sabe, igual y crean su propia comunidad en la que para ellos todo funcione adecuadamente. Lo mismo ayudaría al momento de elegir amigos, ¿no? tendrían escrito en la piel si es que han traicionado a alguien y por qué lo hicieron. Imposible totalmente, lo sé; digo… ¿qué esperaban de alguien que sigue soñando con el día en que la maldad simplemente termine?

Tuvo un amigo que la quiso como nadie: la protegía, le aconsejaba, daba su vida por ella… la amaba. Ella exploraba, siendo tan bella y única como ninguna. Era fuerte, inteligente y, ante todo, respetada; era raro verle sola, todo mortal que la veía procuraba pasar la mitad de sus segundos -como mínimo- con ella. Llegó entonces un mercenario buscando la nada, y la nada encontró envolviendo su incauta mirada; ahí se perdió. Y abandonó ese mundo superfluo, derribó sus propios muros e intentó conquistarle, pero su amigo, rehusándose a la voluntad de ambos, permanecía. Una tarde, los menos amados se reunieron e intentaron concentrar toda su razón en ella, y lo lograron; nadie se preocupó del mercenario, y debieron. Antes que la luna se apagara su mirada dejó de ser incauta y su único tesoro había sido cambiado por uno más hermoso aún… pero nadie estaba listo, excepto su amigo que, pese a todo, siempre la quiso como nadie.

« Previous entries
Follow

Get every new post delivered to your Inbox.